#Priaranza de la Valduerna

Priaranza de la Valduerna

Con apenas 140 habitantes, Priaranza de la Valduerna es, como ha sido y será, uno de los pueblos Tilenenses más bonitos… y, ¿por qué?... pues vamos a resumirlo en dos palabras: “pre cioso”.


Algo tendrá este lugar a orillas del río Duerna, cuando desde época prerromana puede datarse en él la presencia humana. Los terrenos de vega para cultivar, el caudal de agua, el clima sano, montes que proporcionaban madera y caza, … Es decir, la abundancia de todo lo necesario para la subsistencia, arraigó a comunidades o grupos tribales de la Cultura Castreña del Noroeste, nuestros ancestros que ya adoraban al Monte Teleno como deidad. Posteriormente, los romanos llegaron para explotar la riqueza aurífera del subsuelo; después de estos, los visigodos y, luego, los musulmanes que marcaron un paréntesis en toda la península.


Pero, tras el paréntesis de la despoblación sobrevenida por la inseguridad que creaba las incursiones islámicas, llegó el resurgir. Sin querer ser pretenciosos aludiendo a documentos y obras de grandes estudiosos, pero, con mucho orgullo de su milenario pasado, hay que decir que el origen del pueblo, tal y como ha llegado hasta el siglo XXI, se remonta a la segunda mitad del siglo IX, cuando Ordoño I, encargó a su pariente (no se sabe si hermanastro o cuñado), el conde Gatón que reconquistara y colonizase tierras para ensanchar su reino.


El conde, como buen vasallo, emprendió diversas expediciones militares y operaciones repobladoras. Una de ellas, en el año 854, fue la de Astorga y las villas y aldeas de su contorno, con gentes procedentes del Bierzo que, conservaron en sus toponimias el lugar de origen; es decir, los habitantes de Priaranza de la Valduerna, descendemos de gentes de Priaranza del Bierzo; no es extraño, tampoco, que el apellido Berciano, sea muy común.


Sin embargo, de todas estas idas y venidas de gentes, sólo la huella de Roma, sigue indeleble, a plena vista, surcando de cicatrices el territorio. Son dignas de visitar, en la zona que llamamos Fontecinas o Las Moraceras, según quién las nombre, los restos de una extensa explotación “en peine” que revela claramente que el método usado fue el lavado del terreno mediante agua soltada a presión para después recoger el oro arrastrado que se iba depositando en el fondo de los canales.


No es descabellado afirmar que la esencia de aquel primer núcleo creado hace más de mil años sigue viva. Poco cambió el paso del tiempo la apariencia constructiva hasta que, en los años 70 del siglo pasado, comenzaron a introducirse materiales y formas modernas; y, aun así, el conjunto sigue mostrándose armonioso cuando se pasea por las apacibles calles de este Priaranza del siglo XXI. A cada paso, podemos encontrar llamativos ejemplos de edificios bermejos sostenidos por gruesos muros de cantos rodados (algunos de ellos, sin duda procedentes de las murias de las explotaciones romanas), argamasados con barro mezclado con paja de centeno para darle consistencia.


En cuanto al patrimonio artístico, no es poca cosa lo que contienen la Iglesia Parroquial de San Cipriano y la Ermita de Nuestra Señora de las Mercedes y tampoco es desdeñable el patrimonio etnográfico a caballo entre la tradición de La Valduerna y la de Maragatería.


Ni que decir tiene que la vera del río es fascinante. Es todo un espectáculo ver su frondoso paisaje arbolado recortarse de los murallones que forman las rojizas tierras por las que discurre el agua, contrastando con su verdor durante la primavera y el verano, con sus tintes broncíneos en el otoño y su parda desnudez en el invierno. Pero, además, la ribera está llena de lugares en los que se puede disfrutar de un buen baño en esas aguas limpias, cristalinas, que apenas han recorrido hasta aquí, unos pocos kilómetros desde su nacimiento en las cumbres de la Sierra del Teleno… y, después del remojo por fuera, también se puede empapar uno por dentro, que chiringuito y bar, no faltan.
Pero, si por algo es conocida este pueblo es por su excelencia gastronómica. Los embutidos y salazones curados según manda la tradición, no tienen igual y bien pueden competir en excelencia con los más afamados.


Hay mucho que se puede sentir, gozar, experimenta en Priaranza de la Valduerna. Por eso y porque, como ya se sabe, “obras, son amores y no buenas razones”, sólo queda decir que este pueblo bonito y tilenense está abierto y esperando a todo el que quiera acercarse a conocerlo.


Eso sí, para que sea reconocida su valía, se necesitan muchos likes… ¡no le niegues el tuyo!


Presenta esta candidatura: ¡Un hijo del pueblo y a mucha honra!