#Requejo de Pradorrey

Requejo de Pradorrey. Un recoleto rincón.


Tomando el desvío hacia la izquierda que sale de la antigua carretera Nacional VI, la “Madrid-Coruña” de toda la vida, apenas a unos metros de Pradorrey, está la pequeña localidad de Requejo.


El nombre “requejo”, significa terreno angosto, rincón escondido, un término recogido y abrigado en el valle del río Argañoso; a caballo, pues, entre el País de Maragatos y las tierras de la Cepeda, que participa de la historia, la tradición y la cultura de ambas comarcas…; quizá por ello, atesora un encanto especial digno de descubrir este “recoleto rincón”.


Requejo de Pradorrey, como así figura inscrito en todos los documentos; hoy, apenas tiene 23 habitantes censados, pero conoció épocas mejores en las que por sus calles transitaban hombres y mujeres atareados en las faenas del campo para arrancarle a un terreno de no muy buena calidad el sustento y, niños, muchos niños; tanto es así que, desde finales del siglo XIX fue consiguiendo la suficiente entidad como para pasar de ser un lugar anejo de Pradorrey, que por entonces era la cabecera del Ayuntamiento, a ser reconocido como una verdadera entidad local, un pueblo por derecho propio.


De aquel pasado, quedan algunas casas tradicionales y, sobre todo destaca una, la más gallarda de ellas, la “casa del Arcipreste”. A la entrada nos recibe, o, a la salida nos despide, según en qué dirección vayamos, una edificación de mampostería de piedra rojiza, amplia y sobria, que, como su nombre indica fue la residencia del Arcipreste de la Cepeda y, actualmente, rehabilitada y restaurada con esmero, se ha convertido en un establecimiento de Turismo Rural donde disfrutar cómodamente de la paz del lugar y de otros muchos lujos y placeres que como se dice en esta tierra “no se pueden pagar con dinero”.


A su lado, formando un conjunto muy armonioso, se encuentra la iglesia, dedicada a San Martín. Sólida, con planta de cruz latina, en cuyo interior se puede admirar un buen artesonado y destacables altares barrocos, como merece tener la parroquia que era regentada por todo un Arcipreste.


El resto del caserío se alinea a lo largo de la carretera, constreñido entre la peña y el río, formando una hilera que asemeja a soldados en formación que pugnan por no ser engullidos por la naturaleza a la que robaron el sitio para ser levantadas. Su arma no es otra que resaltar del paisaje con los vivos colores que lucen sus puertas y ventanas; azul, rojo y verde como marca la tradición.


No faltan tampoco elementos tan populares como un viejo molino harinero que conserva apenas su estructura, pero se resiste a sucumbir al paso del tiempo que lleva en desuso, o las tapias hechas a “piedra seca” para deslindar las propiedades que levantaron los antepasados y aún cumplen su función.


No es un gran monumento, sino una sencilla cruz de madera sobre una base de mampostería. Sin embargo, el crucero, sigue después de siglos en su sitio, marcando el ramal del Camino de Santiago que desde la Cepeda venía a entroncar con el Camino de Manzanal; por lo que es digno de mencionar como parte importante de la historia y la herencia jacobea.


Aprovechando una pradera natural está el área de juegos; aunque no se puede decir que sean unas grandes instalaciones, son lo suficiente para que los niños disfruten a lo grande al aire libre y sin peligros.


No faltan tampoco espacios para que los vecinos den rienda suelta a su imaginación. ¿Qué pueblo puede presumir de tener hermosos versos de Miguel Hernández, plasmados en un lienzo de pared?... Pues, sí, Requejo de Pradorrey.


No somos fotógrafos profesionales ni tenemos cámaras de última generacióny, por eso, podemos asegurar que la belleza que ha quedado plasmada en las fotos que presentamos, hechas con un simple teléfono móvil, es real, ¡no hay Photoshop que valga!… Es la imagen real de Requejo de Pradorrey, un lugar pequeño, muy pequeño, que, sin embargo, se resiste a ser un “vaciado” más; por eso, para que sus habitantes se sientan orgullosos de él pedimos vuestro voto.