#Val de San Lorenzo

Val de San Lorenzo. Un pueblo de mil colores.


Enclavado en el valle del río Turienzo, en plena comarca de La Maragatería, se encuentra la localidad de Val de San Lorenzo, distante 7 kms de Astorga y a tan sólo 6 kms de la Autovía A6, Madrid – La Coruña y otras vías importantes que abren la puerta de sus 364 habitantes a la ciudad de León y otras capitales.


De larga tradición textil, la artesanía en lana se documenta ya en el siglo XVII; siendo mediado el XVIII, la ocupación mayoritaria de sus vecinos. De ellos, 81 eran fabricantes de paños y unos 180 tenían relación con el oficio de la lana: cardadores, peinadores e hiladores. Actualmente, el censo no es tan amplio, pero la calidad y distinción de los géneros siguen manteniendo alta su fama.


La arquitectura tradicional, en piedra del país, la encontramos, aún, dando inconfundibles tonos cobrizos y dorados a muchas de sus construcciones. Es un pueblo bien cuidado y que, a pesar de no faltarle modernas infraestructuras y equipamientos urbanos, ha sabido recuperar para sus calles la autenticidad de lo propio, dejando vista la piedra que en su día la “moda del cemento” ocultó y mimando en la medida de lo posible los detalles estéticos. Pero su estampa no es monocromática, sino al revés, los colores predominantes de esta bella comarca leonesa a la que pertenece el Val, también irisan las marqueterías de sus casas: el rojo, el verde y un singular azul lucen en las puertas y ventanas como si fuera un gran “pañuelo de mil colores” haciendo gala en el traje típico de una maragata.


Los visos de la estampa de este pueblo son tan singulares que inspiraron ya hace ya casi un siglo a los alumnos y profesores de la Escuela de Cerámica de La Moncloa de Madrid para pintar más de 300 acuarelas inmortalizando, así, su vida y costumbres. No podemos dejar de lado la pincelada verde, a la vera del río, que da entrada al casco urbano desde los años 20 del pasado siglo. Hablamos del hermoso parque que lleva el nombre de quien lo pergeñó, el Doctor Pedro Alonso. Se trata de un verdadero vergel al que se accede por una puerta flanqueada por una pareja de pétreos maragatos; un paraíso para pasear o sentarse a disfrutar, en soledad o compañía, bajo la sombra de diversas especies de árboles y macizos de plantas. Es un espacio para ser vivido en todos los sentidos pues contiene, además, una antigua biblioteca desde el año 1924, un área de recreo infantil, una pista de baile en la que, para deleite de todos, danza a sus anchas el grupo folclórico local o sirve de asiento a la feria de artesanía anual y, como no, un campo para jugar a los típicos bolos maragatos.


Forman parte indisoluble del paisaje, también, las praderas que bordean al río donde están plantados los característicos “estiradores” en los que se cuelgan las mantas para su secado y tensado. Es todo un espectáculo verlas mecer con su inconfundible hechura y colores como velas ondeantes al viento, pero, sobre un mar verde de tierra adentro.


En el “sitio de las paleras”, un antiguo pisón que se alimentaba de las aguas del Turienzo, se ha convertido en el Batán-Museo. Una instalación datada en el siglo XVII, pero plenamente viva, donde a la vez que se visita y conoce, no es extraño observar a los artesanos abatanando sus mantas y otras piezas. Todas las semanas coincide alguien utilizándolo, pues, aquí, se centra el principio y el final del proceso de la lana.


También la antigua “Comunal”, la primera fábrica mecanizada, fundada en los años 1920, se ha convertido en parte esencial de este gran Centro de Interpretación Textil que es Val de San Lorenzo. El C.I.T. La Comunal alberga todas y cada una de las máquinas y utillaje necesarios en las fases intermedias del largo y laborioso proceso de la lana. Pero, no sólo es un espacio de exposición permanente; sino que, además, es el motor que bombea toda la actividad cultural que se desarrolla en este pueblo y que, en verdad, es mucha y variada… Ah, y abierta a todo el mundo.


Es obligado visitar “los dos joyeros y las joyas” del patrimonio artístico religioso. El primero, es la iglesia parroquial, obra del siglo XVI planeada por Juan de Alvear, bajo la advocación de San Lorenzo que, a pesar de un incendio sufrido en 1936, aún conserva de sus trazas originarias la cabecera, algunos retablos (el mayor, del siglo XVII, presidido por la imagen de la Virgen de la Carballeda, patrona del pueblo, de finales del siglo XIII, y otros también del siglo XVII que ocupan las capillas laterales), un cáliz del siglo XV y una custodia y una cruz parroquial, ambas del siglo XVII. El segundo es la “tricentenaria” ermita de San Antonio de Padua, construida en 1719, cuya particularidad es su torre del reloj, rematada a finales del siglo XIX con filigrana de hierro al estilo de la Torre Eiffel de París.


Quedáis todos invitados a las fiestas, que en Val de San Lorenzo son muy rumbosas y no falta en ninguna ni las jotas ni las danzas de las cintas, algo único. Siguiendo el calendario, la primera es la Sacramental, la última semana de mayo, le sigue San Lorenzo, el 10 de agosto y, cierra, la Virgen de la Carballeda, el primer fin de semana del mes de septiembre, en la que se realiza una procesión digna de ver, formada por un carro triunfante que porta a la imagen de la Virgen, acompañado de “los ramos” y “las mayas”.


La riqueza etnográfica es ilimitada ya que no sólo participa de la propia de la comarca maragata sino que tiene distintos influjos llegados a través del Camino Gallego o Calzada Real que discurrió por la localidad cientos de años.


Las tradiciones en este hermoso pueblo están muy arraigadas y vigentes no solo entre la gente de edad sino también en la juventud; por eso, queremos que nos ayudéis a seguir manteniendo con ilusión nuestro patrimonio, que es de todos, reconociendo a Val de San Lorenzo como uno de los pueblos Tilenenses más bonitos y singulares.


Esperamos vuestro “Like” y, por descontado, vuestra visita, que dónde comer bien y dormir a pierna suelta, tampoco falta.